Durango, Dgo.– Para felicitarla en redes sociales sí hubo tiempo; para acudir personalmente a recibirla, aparentemente no.
La boxeadora duranguense Valeria Amparán, reciente campeona y medallista de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, regresó a la ciudad de Durango después de poner en alto el nombre del estado, pero a su llegada el recibimiento fue mucho más sencillo de lo que podría esperarse para una atleta que vuelve a casa convertida en campeona: su familia estuvo ahí para abrazarla; las autoridades, no.

Y es precisamente ese contraste el que llama la atención.
Tras conseguir la presea dorada, desde diferentes espacios de los gobiernos estatal y municipal llegaron felicitaciones, reconocimientos y mensajes destacando el orgullo que representa para Durango el triunfo de la joven pugilista.

Pero cuando llegó el momento de pasar de la publicación en redes sociales a la presencia personal, nadie se asomó por el aeropuerto para recibirla.
No hacía falta una banda de música, mariachi, alfombra roja ni el famoso “ramo buchón”. Tampoco montar un evento multitudinario.

Quizá bastaba con algo mucho más sencillo: que alguna autoridad deportiva, estatal o municipal estuviera ahí para estrecharle la mano, felicitarla personalmente y decirle gracias por representar a Durango.
Porque detrás de una medalla de oro existen meses y años de entrenamiento, sacrificios, disciplina, golpes, alimentación estricta, viajes y una enorme inversión física y emocional.


