Durango enfrenta el reto de producir más alimentos sin ampliar las tierras de cultivo

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Durango, Dgo.– Producir más alimentos sin ampliar la superficie cultivada se perfila como uno de los principales desafíos para el campo mexicano, y Durango no es ajeno a esta transformación. La disponibilidad de agua, el costo de los fertilizantes y la necesidad de mejorar los rendimientos serán factores determinantes para mantener la producción agrícola sin aumentar la presión sobre los recursos naturales.

El reto cobra relevancia en una entidad donde destacan cultivos como frijol, maíz y avena, además de la producción de forrajes que abastecen a la actividad ganadera. En este escenario, la alternativa no consiste solamente en sembrar más hectáreas, sino en aprovechar mejor cada parcela mediante tecnología, riego eficiente, semillas adecuadas y manejo responsable de los nutrientes.

De acuerdo con el Censo Agropecuario 2022 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Durango registró 301 mil 375 hectáreas sembradas de frijol, con una producción de 127 mil 706 toneladas. En maíz blanco reportó 111 mil 357 hectáreas y 275 mil 918 toneladas, mientras que la avena forrajera ocupó 94 mil 774 hectáreas, con una producción de un millón 372 mil 973 toneladas.

Estas cifras muestran la dimensión de la actividad agrícola estatal y la importancia de elevar la productividad de las tierras que ya se encuentran en producción.

La posibilidad de incrementar los rendimientos depende de varios factores. Para los productores duranguenses, especialmente quienes trabajan bajo condiciones de temporal, las lluvias y la variabilidad climática pueden influir directamente en los resultados de cada ciclo agrícola.

En las zonas de riego, el uso eficiente del agua también es fundamental para sostener la producción. La tecnificación de los sistemas, la programación de riegos y el seguimiento de las condiciones del suelo pueden contribuir a reducir desperdicios y aprovechar mejor el recurso disponible.

A ello se suman los costos de semillas, maquinaria, combustibles y fertilizantes, que impactan en la rentabilidad de las cosechas. Mejorar la productividad por hectárea no significa aplicar más insumos de manera indiscriminada, sino utilizarlos en las cantidades y momentos adecuados para evitar pérdidas y cuidar la fertilidad del suelo.

La agricultura de precisión, el monitoreo de cultivos y el análisis de nutrientes son herramientas que pueden ayudar a tomar mejores decisiones. Sin embargo, su adopción requiere inversión, capacitación y acceso a asesoría técnica, condiciones que pueden resultar más difíciles para pequeños y medianos productores.

Uno de los proyectos industriales vinculados con este desafío se desarrolla en Lerdo, Durango, donde se proyecta construir el complejo Fermachem, destinado a producir urea granulada para el mercado agrícola mexicano.

De acuerdo con la información publicada por la empresa, el proyecto contempla una inversión aproximada de mil 600 millones de dólares y una capacidad estimada de alrededor de un millón de toneladas de urea al año. La compañía informó que el 8 de junio de 2026 inició la etapa de ejecución del proyecto, mientras que el inicio de la construcción física y el arranque comercial aparecen como etapas posteriores en su calendario.

La planta busca contribuir a fortalecer la producción nacional de fertilizantes y reducir la dependencia de las importaciones. Para Durango, además, representa una inversión de relevancia industrial y una posible oportunidad para desarrollar empleos y actividad económica en la Comarca Lagunera.

Sin embargo, la capacidad anunciada todavía no equivale a fertilizante disponible para los productores. Su impacto dependerá de que el proyecto avance hasta la operación comercial, así como de los precios, la distribución y las condiciones de acceso para agricultores de distintas regiones del país.

La producción local de fertilizantes tampoco resolverá por sí sola los problemas del campo. Para que se traduzca en mejores cosechas, será necesario que los insumos lleguen oportunamente a los productores y se acompañen de asistencia técnica, financiamiento y prácticas agrícolas adecuadas.

Durango ya cuenta con antecedentes de programas dirigidos a mejorar la productividad. En julio de 2025, la Secretaría de Agricultura informó sobre la entrega de 63 mil 850 kilogramos de semilla certificada de frijol Pinto Saltillo a 566 productores de pequeña escala, con impacto previsto en más de 2 mil 600 hectáreas distribuidas en 15 municipios. La estrategia incluyó acompañamiento técnico mediante Escuelas de Campo.

Este tipo de acciones apunta a una de las rutas para producir más sin extender las áreas agrícolas: utilizar semillas de calidad, mejorar las prácticas de cultivo y brindar asesoría para que los productores adapten sus decisiones a las condiciones de cada parcela.

El reto es especialmente importante en el frijol, cultivo estratégico para Durango y para la alimentación nacional. La productividad puede variar de forma considerable según la disponibilidad de humedad, las características del suelo, las condiciones climáticas y el manejo agronómico.

El Censo Agropecuario 2022 del Inegi también dimensiona la importancia del agua: de las 943 mil 24 hectáreas de uso agrícola registradas en las unidades de producción agropecuaria de Durango, el 79.2% correspondía a temporal y el 20.8% a riego.

Esta distribución subraya la vulnerabilidad de una parte importante de la agricultura estatal frente a la irregularidad de las lluvias y la necesidad de mejorar la resiliencia de los cultivos.

Las perspectivas agrícolas de la OCDE y la FAO para 2025-2034, citadas en el material de referencia, estiman que la producción agrícola y pesquera mundial aumentará alrededor de 14% durante esa década, principalmente por mejoras en la productividad. El escenario refuerza la importancia de invertir en innovación, infraestructura y un uso más eficiente de los recursos.

Para Durango, la oportunidad consiste en combinar mejores semillas, manejo responsable de fertilizantes, tecnología y capacitación con soluciones para el agua y el financiamiento rural. También será necesario que los avances beneficien a pequeños y medianos productores, no solamente a las unidades con mayor capacidad de inversión.

La meta de producir más alimentos con menos tierra no significa dejar de cultivar nuevas superficies en todos los casos, sino evitar que el crecimiento de la oferta dependa principalmente de expandir la frontera agrícola. La prioridad es obtener mejores resultados en las parcelas existentes y preservar su capacidad productiva a largo plazo.

En Durango, donde el frijol y los forrajes tienen un peso importante, el desafío será convertir la tecnología y las inversiones industriales en mejores rendimientos, menores costos y mayor seguridad para las cosechas. El éxito no se medirá únicamente por las toneladas de fertilizante que se produzcan o las hectáreas que se siembren, sino por la capacidad de hacer más eficiente y sostenible el trabajo del campo.

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