viernes, agosto 14, 2020
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“Siete días de Grilla”

La pandemia provocada por el coronavirus está castigando de manera apocalíptica al mundo y lo mismo está golpeando a los países ricos que a los pobres, y todavía falta mucho por verse.

La emergencia ha rebasado la capacidad hospitalaria y humana en infinidad de países, empezando por los Estados Unidos, Italia, España y otros poderosos, pasando por Ecuador, de los más pobres. El virus, para acabarla de completar, no escoge a sus víctimas. Todos estamos expuestos al contagio y todos debemos cuidarnos quedándonos en casa o saliendo nada más a cosas prioritarias como es la compra de alimentos.

No obstante las calamidades que están ocurriendo en el mundo, todavía hay gente que piensa que el coronavirus es una fábula inventada por las potencias en busca de mayores ganancias.

Nuestra moraleja es simple: Mejor me quedo en casa durante el tiempo que sea necesario. Preferible aburrirme en casa que desesperarme en un hospital. Estoy en mi casa, ¡no pienso visitar a nadie y no quiero que me visite nadie..!

Hace dos semanas el Gobierno Federal decretó la Sana Distancia en cualquier parte, no se diga en la tienda, en la tortillería, en la cremería, pero… hay mucha gente que no tiene la menor idea de qué es eso.

Los empleados de las tiendas saben más de eso, constantemente están discutiendo con la gente que se retire de los demás, que tome su turno y también su Sana Distancia, que va entre uno y dos metros de distancia.

La Sana Distancia es para no contagiar a nadie, si es que soy portador del virus, pero para que nadie me contagie si alguien va infectado.

Hay gente que cree lo que estúpidamente dijo el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, que el coronavirus es para los ricos, y que los pobres están blindados.

La más grande barrabasada que alguien haya pronunciado en estos días, toda vez que el riesgo de contagio es para todos, ricos o pobres, chicos o grandes, hombres o mujeres. Todos estamos en ese riesgo.

Entonces, no queda más que adoptar la Sana Distancia para bien de todos. Y como pocos o nadie la respetan, la autoridad debe disponer que la policía obligue a la gente a separarse y guardar la distancia aconsejada, aunque… vamos a empezar con que no hay policía para convencer a tanto renegado social.

Termine como termine la pandemia que está azotando al mundo, médicos, enfermeras, camilleros y demás personal de los hospitales merecen no nada más nuestro agradecimiento por su entrega al servicio de los demás, sino todo nuestro respeto.

El cuento viene a colación por el incidente ocurrido en Guadalajara donde la gente impidió que abordaran un autobús médicos y enfermeras, dizque por temor a que los contagiaran a todos.

Incluso, se dio un altercado en el que hubo hasta golpes contra médicos y enfermeras.

La gran sinrazón que cobró fama precisamente en la Perla Tapatía, una de las ciudades más golpeadas por el virus en nuestro país y donde se supone que la gente debía estar más agradecida con esos trabajadores de la salud que, sí trabajan por un sueldo, no es gratuito, pero… hoy más que nunca están exponiendo su vida para ayudar a los demás.

En qué cabeza cabe verlos como leprosos o apestados, cuando a riesgo de su propia existencia ellos atienden sin distinción a sus semejantes.

Médicos, enfermeras, camilleros y demás personal de los hospitales, por donde le busquen, son verdaderos héroes sin capa que están para atendernos cuando lo necesitemos. Ojalá que nunca los necesitemos, pero hay mucha gente que requiere de sus servicios y ellos se entregan sin mirar si las personas llevan o no el virus.

Es claro que la de los bancos es una actividad prioritaria que no puede ni debe cerrar sus puertas al público, aun así la próxima semana cerrarán de manera total la mayoría de los bancos, otra calamidad dentro de la pandemia.

Muchos clientes deben acudir a las sucursales, a querer y no, y en virtud de los cierres parciales, aquellos que se ven en la imperiosa necesidad de acudir a esos negocios han de enfrentarse a largas filas a pleno sol.

O sea, todavía nos falta mucho por ver de los efectos colaterales del coronavirus. ¡No nos desesperemos..!

Está comprobado que el Instituto Mexicano del Seguro Social manipuló inexplicablemente la información respecto a los tres muertos por coronavirus ocurridos en la clínica 46 de Gómez Palacio.

Tan malabareó la información que el gobernador José Aispuro Torres le dio un jalón de orejas al delegado del IMSS en virtud de que se ocultó el dato y cuando se dio a conocer todo iba alterado.

El mandatario informó que las muertes habían ocurrido en las últimas horas, cuando en realidad fallecieron en las dos últimas semanas en distintas fechas.

Quién sabe si será cierto lo que se dijo en el IMSS de manera escueta, que estuvieron en el hospital bajo supuesta neumonía atípica, que eran atendidos por ese mal y no por coronavirus, de modo que al final fallecieron sin recibir el tratamiento que era obligado.

Entonces entiende uno por qué tanta queja de los trabajadores del IMSS, que repetitivamente están protestando por la falta de orientación y no se diga de equipo para protección de todos los trabajadores hospitalarios.

Y no quisiéramos confirmar que esos muertos alcanzaron a contagiar a muchos empleados del hospital de referencia, además de sus familiares que los estaban visitando de manera constante.

En la eliminación de 281 fideicomisos del Gobierno Federal el presidente Andrés Manuel López Obrador demostrará hasta dónde alcanza su combate a la corrupción o si se trata nada más de cambiar de manos.

Los fideicomisos consideran algo así como 300 mil millones de pesos que, con el decreto, han dejado de existir, o se utilizarán en otra cosa que por lo pronto no ha aclarado el jefe de la nación.

O sea, ya no se gastarán esos 300 mil millones de pesos en lo que a los fideicomisos respecta, pero hasta ahora nadie sabe en qué se invertirán o si el propósito considera repartirlos entre los más fregados, precisamente para asegurar su voto en las siguientes elecciones.

El proyecto moralizador de la 4T se está jugando el todo por el todo. La desaparición de los fideicomisos quizá venga a frenar otro saqueo de los muchos ocultos que tiene la Federación y que ha tenido toda la vida.

Aunque, no se sabe hacia dónde se destinarán los 300 mil millones que dejarán de gastarse, o servirán para ampliar la discreción presidencial en la compra anticipada de voluntades.

La 4T se está jugando el todo por el todo en la eliminación de los fideicomisos. O se trata de frenar un gasto multimillonario sin razón, ¿o nada más se trata de quitar a los otros para ponerme yo?

Los protocolos de la Organización Mundial de la Salud sugieren el aislamiento en casa como la mejor medida para evitar el contagio por el coronavirus.

Es bueno que se prohíban reuniones en paseos públicos, porque también en esos lugares se puede contagiar uno, particularmente cuando las reuniones tratan de 8 o más personas, aunque no faltan los que aseguran que cualquier reunión de más de dos personas ya habla de un alto riesgo.

Es bueno que no se permitan las reuniones en los sitios públicos, pero… ¿por qué cerrar las cabañas de nuestra serranía?, particularmente cuando se trata de familias pequeñas que nada más cambian su aislamiento de casa a la sierra.

Nuestra serranía tiene muchas formas de distracción para la gente, que no necesariamente tiene que estar encerrada. Se puede caminar en la montaña sin ningún riesgo de contagio.

Malo cuando la reunión habla de más de diez personas y algunas están yendo y viniendo de manera constante. Entonces el riesgo de contaminación crece de manera natural.

Pero, cuando el número de personas es el mismo y no tienen movilidad, no hay ningún problema, los riesgos se mantienen bajo control.

Muchos comerciantes se fueron de espaldas cuando se enteraron que la Procuraduría Federal del Consumidor advirtió que habrá multas millonarias para quienes sin razón aumenten los precios de los alimentos.

Sin embargo, en las tienditas de la esquina, sobre todo, los precios de la tortilla, pan, huevo y otros, están cambiando de la noche a la mañana, siempre al alza, y no hay manera de contenerlo.

Una de dos, o les vale la amenaza formal de multas de más de tres millones de pesos o, de plano, no están enterados, porque siguen aprovechando la emergencia para elevar precios.

Si la PROFECO sigue en lo dicho, tiene mucho trabajo no nada más en las súper tiendas, sino en las tienditas que, ahí como no queriendo, están soltando su gato a retozar en los precios, pero tiene que fajarse los pantalones, o ponérselos bien para lograr que los comerciantes sean solidarios con sus clientes.

Y, dado el caso, que los inspectores federales actúen cuando descubran algún abuso de los comerciantes, que los multen y que los manden a la cárcel, es la única forma de mantenerlos a raya, digo, si es que se puede decir así, dado que a los comerciantes sin escrúpulos lo que menos les preocupa es la emergencia en la que estamos inmersos todos los mexicanos y, casi, todos los seres humanos.

Otra de las calamidades de la emergencia que azota al mundo, el coronavirus, es que la mayoría de los muertos registrados en esta etapa se van a la tumba sin velorio, sin misa de cuerpo presente y sin despedida ante la tumba.

Ahora, quienes mueren, se van de este mundo sin los auxilios espirituales que se acostumbran en la religión católica, y en otras creencias, precisamente para evitar los riesgos de contagio.

Los templos están cerrados y se mantendrán así durante toda la temporada, algo que nadie habría sospechado, por lo que ahora, ante la muerte, sus deudos no nada más tienen la pena del fallecimiento, sino la ingrata necesidad de darles sepultura casi en automático.

Esa es la razón por lo que la autoridad insiste en que nos quedemos en casa, que es la única forma de evitar cualquier riesgo y que se salga nada más para la compra de alimentos y otros artículos de higiene personal y de casa.

Es de mencionar que el gobierno de Italia estaría por permitir a la gente volver a la calle en un par de semanas más, visto el descenso en el registro de contagios. Es decir, a pesar de la mortandad sufrida, están por superar la crisis, precisamente a punta de encierro obligatorio.

La decisión de aplicar un horario de verano en el país ha recibido opiniones a favor y en contra desde que se implementó.

Mientras instituciones gubernamentales y el sector empresarial se han manifestado a favor de recorrer el reloj una hora desde el primer domingo de abril, pues argumentan beneficios con esta medida y un importante ahorro de energía eléctrica, la postura de cada vez más ciudadanos es poner en duda las bondades del cambio de horario.

Y es que a pesar de que se habla mucho de estas, hasta el momento no se traducen en un beneficio especifico para la mayoría de la población, que por el contrario resiente un desajuste orgánico por los primeros días en los cuales se aplica esta medida.

Sin duda hay escepticismo con respecto a los ahorros en cuanto al consumo de energía y a quién benefician, a lo cual ahora hay que agregar otra duda más y es el beneficio que en este momento en particular puede tener esta medida, cuando las actividades económicas del país se encuentran suspendidas por la emergencia sanitaria a causa del coronavirus.

Solo cabe preguntar ¿a quién beneficia esta medida?, cuando ni siquiera se tiene un cálculo del tiempo que se prolongará la contingencia sanitaria en el país, ¿cuáles ahorros traerá? Esperemos que haya una respuesta.

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