En Durango, ya es un imperativo que se legisle en el congreso del estado, la ley secundaria de revocación de mandato. Solo de esta manera, la sociedad tendría un instrumento constitucional para decidir si un gobernador, termina sus seis años o se va tres años antes de terminar su sexenio. También, dicha ley secundaria, impediría tener que soportar a un gobernador autoritario, mitomano, y proclive al culto a la personalidad, como es el actual gobernador.
Hoy el médico Esteban Villegas Villareal, pone a prueba al pueblo y sociedad de Durango, al pretender trasladar a su tierra San Juan del Río, la estatua del general Francisco Villa, sin duda, la obra maestra del artista Francisco Montoya de la Cruz. Los estado de Morelos y Chihuahua han sido ejemplo de resistencia civil, cuando políticos que se sienten dioses y no servidores públicos, intentaron por ejemplo en Morelos, llevarse la estatua del general Emiliano Zapata y del parque revolución en Chihuahua, el mausoleo de Villa al monumento de la revolución en la CDMX.
La resistencia civil en el estado de Morelos, resultó una derrota para en aquel entonces, gobernador Graco Ramirez Garrido, quien pretendia llevarse la estatua de Zapata de la plaza de armas de Cuernavaca “por remodelación”. Este tipo de luchas deben inspirar a los duranguenses para organizar una resistencia civil, y así impedir que se la lleven a San Juan del Río. ¿Por qué? Ya es tiempo de ponerle un alto, a los caprichos personales del gobernador, a su “estilo personal de gobernar”, se siente el “patrón” y no asume su papel de gobernador del estado, quien pretende dormirnos todos los días con “cuentos de hadas”.
Si el gobernador se siente Gigante, entonces, ya es tiempo, que el pueblo y sociedad de Durango, se conviertan en el David que derrotó a Goliat. En principio, no sería malo recordarles a todas y a todos quienes nos gobiernan, que fuimos nosotros quienes los elegimos y les pagamos sus sueldos. Quién es el verdadero Gigante: ¿El gobernador o el pueblo de Durango? Eso es, como sociedad lo que debemos preguntarnos, y la única manera de saberlo, es impedir que se lleve la estatua del general Villa a San Juan del Río, municipio donde nació.
No seamos un pueblo de cobardes, el legado histórico del general Francisco Villa, es también de nosotros y no es solo, del gobernador. Y ya encarrerado el gato, además de querer llevarse la estatua del general Villa, pretende construir en otro espacio una obra Gigante según él, de veinticinco metros de altura que al parecer, será de aluminio. Pero eso no es todo, detrás del capricho del gobernador, hay un negocio que nos costará a los duranguenses entre 50 y 60 millones de pesos. No hagamos más de lo mismo, ni tampoco la frase de siempre: “Al cabo ya se va”.
