Hoy se cumplen siete años del impactante accidente del vuelo AM2431 de Aeroméxico, que se desplomó al despegar del Aeropuerto Internacional Guadalupe Victoria de Durango el 31 de julio de 2018, con 103 personas a bordo.
Aquel martes por la tarde, el cielo nublado y los fuertes vientos fueron cómplices de un siniestro tan inesperado como milagroso: el avión se estrelló apenas segundos después de tomar vuelo, provocando un caos inicial… pero ninguna pérdida humana.
🔺 Nadie creía que fuera real
El impacto fue tan repentino que los reportes al 911 tuvieron que repetirse hasta ocho veces, pues los operadores no creían que lo que se estaba denunciando fuera cierto:
“Se cayó un avión en Durango…”, decían los primeros llamados.
La incredulidad marcó los primeros minutos de la emergencia. Fue necesario que varias llamadas coincidieran para activar protocolos de atención masiva.
🌎 Durango en los ojos del mundo
El suceso dio la vuelta al planeta. Cadenas internacionales como CNN, BBC, Telemundo, RT y El País publicaron titulares sobre el accidente, calificándolo como un “milagro aéreo”, ya que todos los pasajeros y la tripulación sobrevivieron, pese a que la aeronave quedó completamente destruida tras el impacto y posterior incendio.
Las imágenes del fuselaje partido, de pasajeros huyendo por el campo, y de los servicios de emergencia actuando bajo la lluvia, se volvieron virales. Por unas horas, Durango fue tendencia global, no por violencia ni política, sino por un caso que desafiaba las estadísticas de la aviación.
🚒 El heroísmo duranguense
Bomberos, Cruz Roja, Protección Civil y ciudadanos jugaron un papel crucial. Rescataron con rapidez a quienes no lograron salir por su cuenta, incluso mientras el avión comenzaba a incendiarse.
La profesional atención médica en los hospitales locales, sumada a la coordinación interinstitucional, permitió que la mayoría de los heridos se recuperaran en días posteriores.
✈️ Las causas
La investigación posterior apuntó a una combinación de factores climáticos y decisiones del piloto. El viento cortante (wind shear) en la zona de despegue fue determinante. Aunque hubo señalamientos sobre la presencia de un piloto aprendiz en cabina, se descartó que esto causara directamente el siniestro.