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“Siete días de Grilla”

Yo, el que escribe, confiesa también estar saturado con el encierro, que parece eterno aunque ya tiene fecha para el Gobierno Federal, pero prefiere seguir aislado que andarse exponiendo.

Lo que nos pasa es único, inédito, que jamás vivió nadie en ninguna época de la historia de México, que es la muerte para los que estamos acostumbrados a la movilidad, al trabajo pues, pero no tiene comparación el encierro con el hospital o el panteón.

Hace días, el roquero mayor Hugo López Gatell le puso fecha a la probable terminación de la emergencia. Habló de posibilidades de levantar la cuarentena el 1 de junio, pero ayer, por decreto, el presidente Andrés Manuel López Obrador señaló el mes de agosto.

O sea, parece interminable el encierro, pero no lo es. No lo será.

Encima de todo, lo que hemos venido platicando sobre las prioridades, que es preferible el aislamiento a tener que pasar los días finales en un hospital.  Toco madera.

El hazmerreír de todo mundo pasan a ser los jovenazos esos que hallaron empachangados anoche en distintos puntos de la ciudad y, para que no se diga que se trata de medidas recaudatorias, los pusieron a barrer la Plaza de Armas.

Es que la autoridad ha sido clara:  Nada de fiestas donde haya reuniones de más de dos personas y, quien lo haga, quien se brinque esa delgada línea, se atiene a las consecuencias.

Ahí están las gráficas de los muchachos que ayer anduvieron  muy efusivos en la fiesta, cuando saben que están prohibidas las celebraciones en casa o en salón, pues siguieron su euforia con escoba y pala o recogedor de basura.

Todo el que sea sorprendido en reuniones de más de dos personas se expondrá a una sanción, no pecuniaria, pero sí de trabajo comunitario, y a escoger, la Plaza de Armas, la IV Centenario o alguno de los jardines más cercanos a su domicilio.

Por lo pronto, nadie va a la cárcel, puesto que tras las rejas se exponen a más contagios y eso no es aconsejable.

Claro que si después de este tipo de sanciones la gente no entiende, insiste en hacer sus pachangas, entonces se habrá de adoptar otro tipo de medidas para evitar que sigan dándose esos festejos.

Es de subrayar la advertencia del roquero de moda, Gatell, quien aseguró que de acuerdo a los últimos cálculos de los expertos la pandemia pudiese dejar alrededor de 8 mil muertos en México.

Y apenas van 1,200 los decesos ocurridos en nuestro país, de forma que… efectivamente, viene lo más complicado de la emergencia, o mejor dicho, cruzamos por la etapa de mayor y más fácil contagio.

Razón de sobra para insistir que no tenemos de otra que seguir con el encierro, aunque sea de semanas o meses, mil veces preferible quedarnos en casa.

Están en riesgo  miles de empresas que generan millones de empleos, subrayó ayer el gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, durante la reunión entre gobernadores y empresarios.

Es necesario -precisaron- iniciar la reactivación de la economía en medio de la pandemia por el coronavirus, antes de que las empresas tengan que cerrar y la pérdida de empleos no se haga esperar.

Pidieron los asistentes a la reunión iniciar la reapertura con los sectores vivienda, construcción y automotriz por su importancia en la actividad económica tanto de México como de Estados Unidos y Canadá.

Hicieron una peticion urgente al Gobierno Federal para que reconsidere la cuestión fiscal, especialmente el otorgamiento de facilidades para el pago de impuestos, visto que la mayoría de las empresas se han quedado sin ingresos y han mentenido el empleo con pagos puntuales a sus trabajadores.

Sobre el millón de créditos de 25 mil pesos anunciado por el Gobierno Federal, es algo útil, sí, pero nada más para empresas con dos empleados o menos.

Los asistentes al evento, en el que estuvo también el gobernador de Durango, José Rosas Aispuro Torres, subrayaron precisamente lo que tanto se ha comentado, que mientras Estados Unidos ya terminó sus dos billones de dólares para ayudar a las empresas, industriales, comerciantes y desempleados con problemas, y ayer mismo dispuso de otra bolsa de 484 mil millones de dólares, acá el gobierno sigue renuente a estimular a las PYMES que son las que más empleos generan en el país.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, sin embargo, hasta este día no se ha dado por aludido y las esperanzas de que reaccione se aprecian muy distantes en este momento.

La Universidad Nacional Autónoma de México demostró a los mexicanos que cuando se quiere, se puede.  Construyó en 21 días un hospital para 240 camas con posibilidades de ampliación hasta 500 en caso de ser necesario por el Covid.

Ojalá que no se requieran las 500 camas, y que ni siquiera utilice las 240, pero por lo pronto ese moderno hospital será atendido por médicos y enfermeras egresados de la propia institución, lo que es garantía de una buena atención médica.

La UNAM, hay que decirlo, una de las instituciones educativas más importantes del mundo, demostró así mismo de lo que son capaces los mexicanos.

No construyó el inmueble en 10 días como el construido recientemente en China, pero sí en 21 días y eso es un récord digno de imitar para todos los que tienen posibilidades de ayudar a los que lleguen a necesitarlo.

Hoy se detectó otro autobús con pasajeros provenientes de los Estados Unidos, la mejor muestra de que sí se está vigilando las carreteras de acceso a nuestra capital.  Por suerte, todos fueron encontrados sin sospecha de covid.

Es que, ante la circunstancia la gente en redes se cansa de pedir, o de exigir que por nada del mundo se permita la llegada o salida de personas que puedan llevar o traer el virus y, eso, pues no es posible.

La fase tres en que se encuentra la pandemia en México no permite la prohibición de viajar, de modo que no es posible evitar que lleguen o salgan. Aparte, ahora más que nunca resulta prioritario el funcionamiento de la cadena de distribución de bienes y servicios, puesto que es la única forma de asegurar el abasto a la población en cuarentena.

Es claro que si todos hubiésemos acatado las indicaciones sanitarias, de aislarnos al unísono, de inmediato hubiésemos vencido al virus, pero pocos fueron los que se encerraron y no volvieron a tener contacto con el exterior, mientras los demás iban y venían, y en ese ir y venir ya contrajeron la enfermedad.

La pandemia se presenta ahora en su curva más alta de contagios. La contaminación puede contraerse con mucha más facilidad, por eso las distintas prohibiciones iniciales de la autoridad.

Si los contagios llegaran a rebasar los supuestos permitidos, entonces se extremarán medidas que, desde luego, serán mucho más molestas pero, todas, buscando la protección de todos y no esperando sancionar a alguien en lo particular.

Esta semana el sistema educativo estatal, a la par con el sistema nacional, puso en marcha las clases a distancia, a través de internet, tratando de rescatar lo perdido y evitar la pérdida del ciclo.

El problema es, lo que comentábamos ayer, que entre los niños, de primaria y preprimaria, nada más algunos tienen acceso a las redes sociales o a alguna aplicación que los lleve a grupo de manera virtual.

Eso es una realidad en esta capital, en cuyas colonias de la periferia hay miles de chiquillos que ni idea tienen del teléfono celular o de la tablet, mucho menos de sus utilidades, por tanto, están fuera del proyecto.

Y si eso sucede en la ciudad capital, no quisiéramos saber qué ocurre en los municipios, sobre todo los más alejados de la capital que a medida de la distancia es el mismo grado del atraso de sus habitantes.

El experimento puesto en marcha esta semana, desde luego, es excelente para futuras ocasiones, pero servirá cuando todos los niños, de uno o de otro municipio, tengan su tablet, entonces podamos hablar de cuestiones más globales, más integrales. Ahora las clases virtuales son nada más para unos cuantos.

Sobre el caso no menos expertos en cosas educativas sugieren la aceptación de la pérdida del ciclo escolar. No pasa nada, habrá un retraso, sí, pero será un retraso global, no exclusivamente en México.

La pandemia por el coronavirus de ninguna manera es privativa de nuestro país. No la causamos nosotros, por tanto, las consecuencias vienen de otros lados y no hay formas de impedirlo.

La pérdida del ciclo escolar debe admitirse como algo ajeno a los mexicanos, y es preferible aceptarlo en vez de hacer creer a los demás que con las clases virtuales ya se salvó el ciclo y no hay nada qué lamentar.

Hay mucho qué perder, desde luego, pero es ajeno a nosotros, y a medida que se acepte la pérdida del ciclo se impedirá que alguien con un par de clases virtuales sea promovido a un nivel superior cuando su preparación se ha quedado trunca.

Es más razonable -dicen- aceptar la pérdida del ciclo y el próximo año, si las circunstancias ya cambiaron, empezar de nuevo donde se quedó el curso a la hora de la suspensión de clases.

Si no se hace, por demagogia o por miedo a que se critique la pérdida del ciclo, los chicos irán a un nuevo nivel sin haber aprendido absolutamente nada, y luego será más complicado reanudar en falso, pues los muchachos no llevarán el conocimiento que se supone adquirieron al ser promovidos.

No hace mucho el goberndor de Puebla, Miguel Barbosa, aseguró que el coronavirus es propio de los ricos, y que los pobres están blindados contra la enfermedad.

Alguien más aseguró que la pandemia es una amenaza exclusiva para los viejos de la tercera edad. Ayer esa hipótesis quedó pulverizada al confirmarse en Durango el contagio de un niño de un año de edad.

Aparte, entre la mayoría de los muertos registrados en el país, en su mayor porcentaje se trata de gente pobre que no tuvo para comprar los retrovirales y menos acudir a un hospital particular, porque los otros están a punto del colapso.

Y entre otras vaciladas para combatir el Covid, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador se expuso al escarnio mundial cuando enseñó su estampita con un trébol de seis hojas y un escapulario católico.

Ellos son los que me protegen para no contraer el virus, dijo AMLO, lo que le valió toda suerte de burlas de la comunidad internacional.  No pocos lo tacharon de ignorante e irresponsable, puesto que en sus burlas, el presidente mexicano pidió al pueblo bueno no creer en lo que decían los expertos, y a los dos días decretó el cierre del gobierno y mandó a los burócratas a su casa y ordenó que la iniciativa privada hiciera lo propio, que mandara a los trabajadores a su casa, que les siguiera pagando de manera puntual sus salarios y que no dejara de pagar impuestos para poder hacerle frente a la pandemia, como si fuera cosa de magia para los empresarios, puesto que muchos no tienen más para cubrir esas obligaciones y, es el caso de Súper Salads, que tras diez años de operaciones en Durango cerró esta semana de forma definitiva dejando en la calle a más de cien empleados.

Después de que se determinó poner en cuarentena a todos los habitantes del poblado Ignacio Allende, en el municipio de Guadalupe Victoria, a raíz de que se detectaron 11 casos de Covid-19 entre los integrantes de una familia que llevaron al fallecimiento de una mujer por esta enfermedad, se convirtió en punto de atención tanto por convertir a esta municipalidad en una de las que tienen más personas contagiadas, como también en centro de atención tanto de las autoridades estatales y especialmente las de salud, incluso de los políticos.

De pronto todos se preocuparon por los habitantes con grandes efectos positivos, pues han acudido a llevarles principalmente apoyos alimenticios y otros que pueden necesitar, lo cual les permitirá que los efectos por las medidas preventivas que se aplican en estos momentos sean menos fuertes para ellos y que puedan resolver sus necesidades básicas, al tiempo que cumplen un periodo de aislamiento recomendado por el tema de salud.

Es de esperarse que este interés no solamente por esta población se mantenga y se extienda a otras que si bien no tienen reportes de casos positivos de Covid-19, sí se ven afectadas por los efectos económicos causados por la pandemia, pues existen grupos de la población que enfrentan una situación muy complicada y también necesitarán ayuda en los siguientes días.

Resulta sorprendente que en medio de una emergencia sanitaria como la que se vive en el país en estos momentos a causa del Covid-19, enfermedad que se extiende cada día en todo el mundo y que también de manera constante cambia la letalidad que puede implicar contraerla, como lo indican los datos estadísticos tanto de personas afectadas por este padecimiento como de quienes han fallecido en el intento por recuperarse de los efectos que el virus causa en el organismo, aún haya personas que niegan la existencia de esta enfermedad y que rechazan las medidas que se han recomendado para prevenirla, lo cual resulta sorprendente porque en muchos de estos casos no se puede hablar de ignorancia, pues es gente con mucha preparación e incluso empresarios, aunque también hay quienes desconocen todo lo relacionado con las medidas preventivas y optan por ignorarlas.

En días pasados se dio a conocer que en Estados Unidos, el país más afectado en estos momentos por el Covid 19, un grupo de empresarios y políticos expresaron públicamente su rechazo a la aplicación de medidas para prevenir contagios de la enfermedad y en pleno desafío a su gobierno convocaron a un evento religioso en el que esperaban reunir a más de mil personas.

Esta actuación no se presenta solamente en el vecino país, pues en México también hay un empresario muy conocido que hizo público su rechazo a la aplicación de las medidas recomendadas en esta emergencia sanitaria, además de muchas personas que diariamente desafían las indicaciones de las autoridades para prevenir contagios del virus mencionado, en lo que podría ser una decisión poco responsable, ya que conlleva el riesgo de muerte para los grupos más vulnerables.

Es sorprendente que en plena época de la información, en la cual las tecnologías modernas permiten conocer lo que sucede en todo el mundo en unos minutos, haya personas que prefieran cerrar los ojos a una realidad que se vive en muchas naciones, ya sea por oponerse a un régimen político, o por proteger sus intereses económicos en el caso de grandes empresarios que se niegan a que sus negocios detengan sus actividades, sin importarles el costo que puede tener en algo que a diferencia del dinero no se puede recuperar, como son las vidas humanas.

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