México vivió una de las jornadas de mayor tensión en materia de seguridad en los últimos años tras el operativo federal que culminó con la captura del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, un golpe que provocó una reacción violenta y coordinada en varias regiones del país.
Desde las primeras horas del día, fuerzas federales desplegaron un amplio dispositivo aéreo y terrestre en la sierra de Jalisco, donde se registraron enfrentamientos armados y la movilización de helicópteros y unidades especiales. La operación, considerada de alto impacto, encendió las alertas de seguridad en municipios cercanos y marcó el inicio de una escalada de violencia.
En cuestión de horas, la respuesta del crimen organizado se manifestó con narcobloqueos, quema de vehículos, cierres carreteros y ataques a infraestructura en al menos ocho estados: Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Nayarit, Colima, Aguascalientes, Zacatecas y Tamaulipas.
Las principales ciudades del occidente del país registraron escenas de caos: transporte suspendido, carreteras tomadas y comercios cerrados por precaución, mientras autoridades pedían a la población resguardarse.
El despliegue de fuerzas federales se extendió durante todo el día con el objetivo de recuperar el control, asegurar vialidades y evitar la expansión de los disturbios. Aeropuertos y puntos estratégicos reforzaron protocolos de seguridad, mientras patrullajes y sobrevuelos se mantuvieron de forma permanente.
Más allá del operativo, la jornada dejó al descubierto la capacidad de reacción territorial del crimen organizado y reavivó el debate sobre la estrategia de seguridad nacional. Especialistas advierten que, aunque la captura representa un golpe simbólico, el verdadero desafío será contener las disputas internas y evitar nuevos episodios de violencia.
