Durango, Dgo
La red hidráulica que abastece a la ciudad opera con infraestructura que en muchos puntos supera el medio siglo de antigüedad, una condición que hoy se traduce en un sistema frágil y rebasado por la demanda actual.
El deterioro acumulado en tuberías y conexiones provoca que, cuando se incrementa la presión para mejorar el suministro, comiencen a aparecer rupturas en distintos sectores, particularmente en colonias de la periferia donde la infraestructura es más vulnerable.
Las cifras reflejan la magnitud del problema: diariamente se reportan alrededor de 50 fugas en diversos puntos de la ciudad. Muchas de estas fallas están directamente relacionadas con el desgaste de materiales que han superado su vida útil, lo que acelera la pérdida constante del recurso.
Más allá de las afectaciones visibles en calles o banquetas, el impacto más grave es el desperdicio de agua potable. Se calcula que entre el 40 y el 50 por ciento del volumen que ingresa al sistema se pierde antes de llegar a los hogares, lo que significa que una parte importante del agua tratada se diluye en el subsuelo sin cumplir su propósito.
El escenario deja en evidencia un reto estructural: aumentar la producción de agua no será suficiente si la red no se renueva. La urgencia, advierten especialistas, está en modernizar la infraestructura para evitar que el suministro adicional termine convirtiéndose en más fugas y mayor desperdicio.
El desafío de fondo no solo es garantizar el acceso al agua, sino evitar que se pierda en el trayecto por una red que, con el paso del tiempo, ha dejado de responder a las necesidades de la ciudad.
