Durango.— Con motivo del Día de Reyes, en Durango se estima una producción y consumo aproximado de 100 toneladas de rosca, aunque el impacto económico para el sector formal se ve limitado por la alta presencia del comercio informal.
El presidente de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora (CANAINPA) en el estado, Fernando Flores Gómez, informó que alrededor del 65 por ciento de las ventas se concentra en el mercado informal, lo que reduce de manera considerable la participación de las panaderías establecidas. A este escenario se suma la competencia de las grandes cadenas de supermercados, que también incide en la comercialización de la producción local.
Como aspecto positivo, destacó que el Gobierno del Estado adquirió roscas elaboradas por panaderías duranguenses, lo que representa un respaldo directo al consumo de productos locales y al trabajo del sector formal.
En cuanto a precios, el dirigente empresarial señaló que, en comparación con 2024, el costo de la rosca registra un incremento de entre 10 y 15 por ciento, derivado del alza en insumos durante 2025. Actualmente, los precios en el mercado oscilan desde los 200 hasta los 1,500 pesos, dependiendo del tamaño, presentación y tipo, incluyendo opciones denominadas gourmet.
Panorama nacional
A nivel país, CANAINPA estima que en la temporada 2025–2026 la producción nacional de rosca de Reyes superará las 9 mil 400 toneladas, con ventas que rebasan los 3 mil millones de pesos, consolidando a este producto como uno de los de mayor impacto económico para la industria panificadora durante los primeros días del año.
El organismo advierte que el encarecimiento de insumos básicos ha presionado los precios finales en distintas regiones, con incrementos que en algunos casos superan el 20 por ciento anual.
Tradición y economía
El Día de Reyes, celebrado cada 6 de enero, es una tradición arraigada en México desde la época colonial. Más allá de su valor simbólico, la rosca de Reyes se mantiene como un elemento clave para la economía familiar y para miles de familias que dependen de la actividad panificadora.
Finalmente, Flores Gómez subrayó la importancia de preservar esta tradición, no solo por su significado cultural, sino por el impulso económico que representa para el sector en un contexto marcado por el aumento de costos y la competencia desleal de la informalidad.
