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sábado, noviembre 29, 2025

Este domingo inicia el tiempo de Adviento

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Ciudad de México.- Este 30 de noviembre marca el inicio del tiempo de Adviento, un periodo central dentro de la vida espiritual de la Iglesia Católica que además abre oficialmente un nuevo año litúrgico.
Durante cuatro semanas los fieles se adentran en un tiempo de preparación interior que culminará el 25 de diciembre con la celebración del nacimiento de Jesús. Lejos de ser solo una tradición, el Adviento es considerado un camino que fortalece la fe, renueva la esperanza y orienta la vida comunitaria.
El vicario misionero del Espíritu Santo, Luis Enrique Sánchez, explicó que el Adviento es la puerta de entrada a un recorrido espiritual que se repite cada año, pero que invita a una renovación constante.
“Cada año la Iglesia recorre un camino que se llama año litúrgico […] el domingo pasado terminó el anterior año litúrgico con la fiesta de Cristo Rey y este domingo comienza un nuevo año litúrgico con el domingo primero de Adviento son cuatro semanas, es decir, cuatro domingos de Adviento que preceden al nacimiento de Jesús”, señaló.
En este tiempo, la Iglesia propone a los fieles redescubrir el sentido de la espera, alejándose del ritmo acelerado de la vida cotidiana para abrir espacio a la reflexión y la oración.
El Adviento no solo anticipa la Navidad, sino que invita a preparar el corazón para el encuentro con Jesús, tanto en su nacimiento como en la vida diaria.
Entre los elementos más representativos de este periodo se encuentran las posadas y la tradicional “novena”, prácticas que refuerzan la espiritualidad comunitaria. Sánchez detalla que estos días tienen un lugar especial dentro del tiempo litúrgico.
“Estamos aquí preparándonos para la Navidad y con estas cuatro semanas de preparación que tienen como momento más importante la novena que precede a la Navidad y que nosotros la conocemos como las posadas. Nueve días antes del nacimiento de Jesús, es decir, el 16 de diciembre se comienza la novena con la primera posada, pero eso cae dentro de este tiempo de Adviento”.
La corona de Adviento es quizá el símbolo más visible en templos y hogares. Elaborada tradicionalmente con ramas de pino o cedro, representa la vida, la unión y la esperanza.
A ella se integran cuatro velas que se encienden cada domingo, iluminando paso a paso el camino hacia la Navidad.
Simboliza la esperanza, la fe y el amor de Dios, con su círculo que representa la eternidad y las ramas verdes la vida. Las cuatro velas, encendidas progresivamente cada domingo de Adviento, representan la luz que disipa las tinieblas y nos preparan para la venida de Jesucristo
“Es una corona generalmente de ramas de pino, tiene un tinte de fiesta porque estamos preparados para una fiesta. Tiene cuatro velas y cada vela significa uno de los cuatro domingos de Adviento. Cada domingo se enciende una vela y con eso uno va teniendo en cuenta en qué semana está”, explicó el vicario.
La corona representa el amor infinito y eterno de Dios, que no tiene principio ni fin. Las ramas verdes simbolizan la esperanza y la vida que trae Jesucristo.
El encendido de la primera vela este 30 de noviembre marcará el arranque formal de este ciclo espiritual, las siguientes se encenderán los domingos 7, 14 y 21 de diciembre, como símbolo de que la luz de Cristo llega al mundo poco a poco.
La llama de las velas representa la luz de Cristo que vence a la oscuridad y al pecado. Las velas suelen tener tres colores litúrgicos con significados específicos:
Morado: Representa la preparación y la vigilia, invitando a la conversión.
Rosa: Se enciende el tercer domingo de Adviento (Domingo de Gaudete), que significa “Alegría”, anunciando que la llegada de Jesús está cerca.
Vela central (a veces): Algunas coronas incluyen una quinta vela blanca que se enciende en Navidad para representar la pureza y la luz de Cristo.
En parroquias, comunidades y familias, el Adviento se vive como una invitación a renovar la fe, a fortalecer los lazos comunitarios y a prepararse con alegría para la llegada de Jesús. Se trata de un tiempo de espera activa, en el que cada gesto desde una oración familiar hasta el canto de una posada recuerda el verdadero sentido de la Navidad.
Para la Iglesia, este nuevo año litúrgico abre también la oportunidad de revisar el camino recorrido y comprometerse de nuevo con el mensaje de esperanza que representa Jesús.

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